La Enfermedad Renal Crónica (ERC) afecta a una parte importante de la población y, sin embargo, muchas personas conviven con ella sin saberlo. Avanza en silencio, sin síntomas evidentes, hasta etapas avanzadas. Por eso, entenderla y detectarla a tiempo marca una enorme diferencia.

Qué es la Enfermedad Renal Crónica

Los riñones son dos órganos que trabajan sin descanso: filtran la sangre, eliminan los desechos y el exceso de líquido a través de la orina, ayudan a controlar la presión arterial y participan en la producción de glóbulos rojos y en la salud de los huesos. Hablamos de Enfermedad Renal Crónica cuando esa función se va perdiendo de manera progresiva y sostenida en el tiempo.

Por qué es "silenciosa"

Los riñones tienen una gran capacidad de compensar: pueden seguir funcionando aun cuando ya han perdido buena parte de su rendimiento. Por eso los síntomas suelen aparecer tarde, cuando la enfermedad ya está avanzada. Esa es la razón por la que se la conoce como una enfermedad silenciosa, y también por la que los controles preventivos son tan importantes.

Factores de riesgo

Algunas personas tienen más probabilidades de desarrollar ERC. Los principales factores de riesgo son la diabetes y la hipertensión arterial —las dos causas más frecuentes—, además de los antecedentes familiares de enfermedad renal, la edad avanzada, la obesidad, el tabaquismo y el uso frecuente de antiinflamatorios sin control médico.

Señales a las que prestar atención

Aunque suelen aparecer en etapas más avanzadas, conviene estar atentos a signos como el cansancio persistente, la hinchazón en piernas o alrededor de los ojos, los cambios en la orina (más espuma, cambios en la frecuencia o el color), la presión arterial elevada, la picazón en la piel o la falta de apetito. Ante cualquiera de ellos, lo mejor es consultar.

La clave: detectar a tiempo

La buena noticia es que la ERC se detecta con estudios simples y accesibles: un análisis de sangre que mide la creatinina (y estima el filtrado de los riñones) y un análisis de orina que busca proteínas o albúmina. Un control periódico, sobre todo en personas con factores de riesgo, permite descubrirla temprano y actuar cuando más se puede hacer.

Cómo cuidarnos

Cuidar los riñones es, en gran medida, cuidar la salud general: mantener bajo control la diabetes y la presión, comer de forma saludable y con poca sal, hidratarse bien, hacer actividad física, evitar el tabaco, no automedicarse y realizar los controles indicados. Pequeñas decisiones cotidianas que, sostenidas en el tiempo, protegen a estos órganos tan valiosos.

Esta nota es de carácter informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Ante cualquier duda o síntoma, consultá con tu médico.