La mayoría de los casos de Enfermedad Renal Crónica están relacionados con dos condiciones muy frecuentes: la diabetes y la hipertensión arterial. La buena noticia es que, controlándolas a tiempo, se puede proteger de manera muy significativa la salud de los riñones.
Cómo afecta la diabetes a los riñones
Cuando el azúcar en sangre se mantiene alto durante mucho tiempo, daña los pequeños vasos sanguíneos que los riñones utilizan para filtrar. Con los años, ese daño reduce la capacidad de filtrado y puede derivar en enfermedad renal. Es lo que se conoce como nefropatía diabética, una de las complicaciones más importantes de la diabetes.
Cómo afecta la hipertensión
La presión arterial elevada también daña los vasos de los riñones y dificulta su trabajo. Y se genera un círculo: la hipertensión daña el riñón, y un riñón que funciona mal tiende, a su vez, a elevar la presión. Por eso controlar la presión es doblemente importante.
Qué podés hacer para cuidarte
Mantener la glucemia y la presión dentro de los valores indicados por tu médico es el paso más importante. A eso se suman hábitos que ayudan a ambas condiciones: una alimentación saludable y con poca sal, la actividad física regular, mantener un peso adecuado, no fumar y tomar la medicación tal como fue indicada.
La importancia de los controles
Si tenés diabetes o hipertensión, los controles renales periódicos —un análisis de sangre que mide la creatinina y uno de orina que busca proteínas— permiten detectar a tiempo cualquier alteración. Cuanto antes se detecta, más se puede hacer para frenar el avance.
Esta nota es de carácter informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Ante cualquier duda o síntoma, consultá con tu médico.